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La primera ansiedad intensa se evidenció durante el juego con tijeras y cuchillos expresando el temor de lo que podría suceder con estos instrumentos: cortarse los dedos, nariz, e incluso los genitales. La seguridad que le daban sus padres de que nada de esto podía ocurrir no actuaba sobre él. Comenzó luego a mostrar temor de que el “Lobo feroz” de la historieta “Los tres chanchitos”, estuviera escondido en su cuarto y pudiera morderlo. La técnica de sus padres de hacerle elaborar este temor mediante un juego en que intervenían los dos personajes aliviaba su ansiedad sólo momentáneamente. Pudo establecerse la relación entre el temor expresado por el niño de ser mordido y su deseo de morder el pene del padre en ocasión de haberlo visto desnudo. El otro nexo entre esta situación y las siguientes fué la angustia provocada en el niño al descubrir los genitales de su hermana (dos años menor que él). Sus deseos orales al pecho de la madre agudizados por la envidia que sintió con el nacimiento de su hermana, sus deseos de morder el pene del padre y el temor a la vuelta contra sí de estos deseos los desplazó a la figura del lobo que era el padre y él mismo. Lo evidenció en un juego que tuvo para él un valor curativo. En dicho juego él encerraba y alimentaba al lobo feroz.
Aunque la fobia desapareció, años después mantenía temores de ser mordido por peces cuando nadaba y necesitaba comer los pescados que él mismo pescaba.
El niño no estuvo bajo tratamiento analítico, sino que el autor orientó la conducta de los padres durante entrevistas con ellos.
A. A. de Pichon Rivière.