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El estudio de la teoría de la comunicación me facilitó la comprensión de los dinamismos que suceden en las relaciones humanas, incluyendo la analítica, en forma tan precisa, que rindo un homenaje a esa teoría en mi tentativa de participarles los beneficios obtenidos; la mejor forma de agradecer un beneficio recibido es extenderlo a otros.
Para mantener esta comunicación que se inicia entre ustedes y yo, o ya que soy el transmisor, entre yo y ustedes, comenzaré con una necesaria revisión semántica, que unificará conceptos o definiciones sobre las señales verbales que voy a transmitirles, requisito semántico sin el cual no puede iniciarse ni mantenerse una comunicación.
El hombre, individuo gregario, es dueño de una actividad psíquica que se llama pensamiento, que le permite seleccionar los objetos con que satisface su gregarismo, aproximándolos, manteniéndolos, separándolos o aniquilándolos, de acuerdo con las emociones que en él se despiertan. El individuo humano no persiste sin mantener una relación de objeto, y aun en los procesos mentales unipersonales, sin ninguna otra persona real cercana, el objeto con el cual se conecta y establece la relación, está en el propio interior: existe un cambio de mensajes, una comunicación, entre una persona real y una simbólica, persona u objeto internalizado, intrapsíquico. Pero si la relación va a establecerse con otra persona real y externa, ya es una situación social, con intercambio de mensajes que van de la mente de una a la de la otra, de una mente humana a otra mente humana, cumpliendo entonces los propósitos y mencionada anteriormente: estudiar la aproximación, las posibilidades de mantenimiento, o de separación, etc. El mensaje puede ser transmitido por medio de señales verbales, palabras, o por medio de señales no verbales como ser movimientos del cuerpo en su parte esquelética, por acción muscular, reacciones vasculares como el enrojecimiento, emanaciones cutáneas o glandulares, movimientos de órganos internos como el i