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En El “yo” y el “ello” [10] Freud define la reacción terapéutica negativa en los siguientes términos: “Hay personas que se conducen muy singularmente en el tratamiento psicoanalítico. Cuando les damos esperanzas y nos mostramos satisfechos de la marcha del tratamiento se muestran descontentos y empeoran marcadamente. Al principio atribuimos este fenómeno a una rebeldía contra el médico y al deseo de testimoniarle su superioridad, pero luego llegamos a darle una interpretación más justa. Descubrimos, en efecto, que tales personas reaccionan en un sentido inverso a los progresos de la cura. Cada una de las soluciones parciales que habría de traer consigo un alivio o una desaparición temporal de los síntomas, provoca, por el contrario, en estos sujetos, una intensificación momentánea de la enfermedad, y durante el tratamiento empeoran en lugar de mejorar. Muestran pues, la llamada reacción terapéutica negativa.”
“Es indudable que en estos enfermos hay algo que se opone a la curación, la cual es considerada por ellos como un peligro. Decimos, pues, que predomina en ellos la necesidad de la enfermedad y no la voluntad de curación.”
La raíz del concepto sobre la reacción terapéutica negativa la encontramos en la obra de Freud cuando en 1904 [7] separó las neurosis de las psicosis, considerando a estas últimas inaccesibles a la terapia psicoanalítica. Dice Freud: “Si queremos avanzar seguramente habremos de limitar nuestra elección a personas capaces de un estado normal, pues el procedimiento psicoanalítico tiene en él su punto de partida para llegar a apoderarse de lo patológico. La psicosis y los estados de confusión mental y melancolía profunda contraindican así la aplicación del psicoanálisis, por lo menos tal y como hoy se practica. De todos modos no creo imposible que una vez adecuadamente modificado el método analítico quede superada esta contraindicación y pueda crear una psicoterapia de las psicosis.”
Años después, en 1914 [8], aborda el mismo problema desde otro pun