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Después de definir el masoquismo como la tendencia a infligirse sufrimiento físico o mental, consciente o inconscientemente, para conseguir la gratificación sexual, el autor revisa los distintos mecanismos con que se ha tratado de explicar la perversión masoquista. Ellos se relacionan con: temor a la pérdida del objeto y a su amor, ansiedad de castración y angustia superyóica.
Cita los puntos de vista de Freud acerca del esclarecimiento de dichos mecanismos: deseos femeninos hacia el padre, reforzamiento regresivo del masoquismo erotógeno para explicar el placer en el dolor, la prevalencia de rasgos pregenitales en la sexualidad del masoquista.
El Complejo de Edipo que no ha sido superado en forma satisfactoria, y las tendencias destructivas que en lugar de ser dirigidas al exterior se vuelven contra el yo como consecuencia del sentimiento de culpa, juegan un papel importante en el origen del masoquismo.
Estudia el autor la actitud pre o protomasoquista del niño y los mecanismos tempranos que encubren tendencias masoquistas: el juego del “cu-cu”, la “inflexión de l'agression” de Nacht y la seducción del agresor, esta última de preponderante importancia.
Postula Loewenstein que las perversiones masoquistas son la repetición de situaciones infantiles y escenas en que las fantasías eróticas, los juegos sexuales, el acercamiento sexual al objeto prohibido (especialmente la madre), encontraron el rechazo o la desaprobación unido a la amenaza, el castigo o el ridículo, reales o imaginarios. En la perversión el objeto participa en lugar de rechazar; la amenaza y el castigo existen pero son lmitados. El mecanismo consiste en hacer que la figura temida participe y actúe la castración, el masoquista consigue con este mecanismo de repetición anular el rechazo y la castración, y obtener veladamente la gratificación incestuosa. En resumen: la escena masoquista es un modo de gratificar las fantasías incestuosas prohibidas y reprimidas, pero anulando la amenaza de castración.
La perver