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Los autores hacen hincapié sobre el uso adecuado del término “medicina psicosomática”, reservándolo para aquellas oportunidades en las cuales es posible integrar un conocimiento del proceso psicológico dinámico y profundo con las consecuencias que estos procesos acarrean en un plano somático específico. Haciendo un análisis de los factores etiopatogénicos de las enfermedades psicosomáticas señalan los siguientes:
La disposición congénita hacia un punto “minoris resistentiae” de algún órgano o sistema.
El desarrollo de una situación conflictiva a partir de la más temprana infancia (fase oral o anal).
Repercusión sobre el sistema neurovegetative de estos conflictos.
Determinado hábito vital que expone siempre un mismo sistema u órgano al impacto de cualquier situación traumática.
Señalan los conceptos de Freud, Alexander, Dunbar y Alfred Adler, en relación con este tipo de enfermedades y llegan a la conclusión que no debe haber una diferencia significativa en su tratamiento y aquel de las neurosis. Reconocen sin embargo cuatro puntos de interés que diferenciarían un tipo de enfermedad de la otra:
1ọ La importancia de la atención del sistema enfermo desde el punto de vista orgánico al mismo tiempo que ha de instituirse un tratamiento psicoanalítico. Destacan la dificultad y necesidad del trabajo en equipo para que una terapéutica no entorpezca la otra.
2ọ Aluden a la conveniencia de realizar el tratamiento, internando al paciente en un comienzo, en instituciones adecuadas, hasta tanto fortalezca su Yo para poder enfrentar el medio ambiente primitivo de una manera más adecuada. Conseguido esto, se proseguiría con un tratamiento deambulatorio. Llaman la atención sobre la conveniencia, en estos pacientes, de una terapia psicoanalítica individual, combinada con un tratamiento en grupos.
3ọ Dada la génesis habitualmente tan remota de estas enfermedades, los autores señalan la necesidad de la prosecución de tratamientos largos, no siempre posibles, ya sea por factores inherentes al