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En la práctica psicoanalítica se observa con gran frecuencia en los pacientes actitudes tendientes a disolver el sentido terapéutico de las interpretaciones, y por extensión, de la totalidad de la situación analítica1.
Los pacientes que tienen dificultad de conservar un grado adecuado de equilibrio narcisístico, desarrollan esta acción durante el tratamiento de una manera lenta, continua y silenciosa. Por lo tanto, esto puede pasar inadvertido al analista. Cuando en un momento dado el terapeuta descubre esto, comprende que el paciente ha estado recorriendo el camino de la cura con una idea equivocada del significado de su tarea en la sesión, y como consecuencia, tampoco comprende el papel que desempeña el terapeuta en la situación analítica. En un trabajo anterior [26] tuve ocasión de referirme a este último punto.
Esta distorsión permite entrever la naturaleza narcisística de estos fenómenos, así también como la manera lenta, continua y silenciosa en que esto sucede, nos lleva a pensar en la acción del instinto de muerte actuando en las relaciones de objeto en la situación transferencial, interfiriendo la acción terapéutica del psicoanálisis.
Resulta oportuno abordar el problema partiendo de la situación analítica para subsanar un defecto de orden metodológico que padecen gran parte de los trabajos sobre el tema en la literatura psicoanalítica. En ellos tiende a aislarse el objeto de indagación (Las manifestaciones narcisísticas) la técnica de abordaje a estos fenómenos y la teoría emergente [24, 32, 20, 5].
Para comprender y explicar el narcisismo es necesario interrelacionar estos tres vectores de nuestra tarea.
El psicoanálisis en la actualidad debe considerarse como la ciencia que estudia lo que acontece en la situación analítica considerada como una totalidad dinámica. No interesa el paciente abstraído de la situación analítica, tampoco el paciente sumado al terapeuta. Sólo interesa lo que ocurre entre paciente y terapeuta. Interesa la interrelación entre inconscie