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Destaca en primer término la división habitual de obesidad exógena (sobrealimentación) y obesidad endógena (perturbaciones metabólicas). Ambas intervienen en todos los casos en proporción variable.
Estudia el problema desde el punto de vista psicosomático. Los traumas afectivos y choques emocionales actúan sobre las funciones vegetativas y nutricias, cuyo centro regulador ocupa el hipotálamo, provocando una perturbación funcional con las mismas características que las provocadas por lesiones orgánicas.
Ilustra con dos casos, en donde se ve que el aumento de peso correspondía a situaciones traumáticas vividas por los sujetos, estableciéndose un círculo vicioso psicosomático de: ingestión de alimentos, engorde, culpa, angustia. Se vio que habían sufrido: una infancia frustrada y humillada, identificación con un padre corpulento, y que la ingestión de alimentos tiene el propósito de lograr un reaseguramiento que le proporcione un mantenimiento de omnipotencia mágica, y la gratificación de pulsiones parciales.
D. N. de Fiasché.