You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El propósito del artículo es demostrar que las dos famosas obras de Van Gogh: “La silla y la pipa” y “El sillón de Gauguin” constituyen la expresión simbólica de sus respectivas personalidades, tal como fueron sentidas por su autor en un momento crucial de su vida, poco antes del estallido de su psicosis. En tales obras, habría proyectado los intensos sentimientos homosexuales, la fuerte ambivalencia, profundos y dolorosos sentimientos de envidia, y la gran admiración y rivalidad que experimentaba hacia su amigo Gauguin, con quien estaba reviviendo transferencialmente la relación conflictual que tenía con su padre.
Así, “La silla” —Van Gogh— humilde y grosera, y la pipa, pequeña y apagada y la bolsa de tabaco arrugada por el uso, simbolizan el pene y los testículos impotentes. “El sillón”, en cambio, majestuoso e imponente, en cuyo centro se yergue una vela encendida y dos libros, son exponentes de potencia viril y fecunda actividad creadora. En el color se repite el problema: amarillo pálido en el primer cuadro —sexualidad languidescente— para dar “impresión de sufrimiento”, mientras el segundo está realizado en rojo y verde, con contornos negros, para sugerir “las terribles pasiones del alma”. Señala, asimismo, la importancia de las tendencias escoptofílicas, fantasías de felacio, etc., que surgen del análisis de ambas obras.
El artículo es muy interesante, dando una visión clara y concreta del conflicto paterno.
D. N. de Fiasché.