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El autor preconiza la formación de una nueva disciplina: la victimología, rama de las Ciencias de la Criminalidad abocada al estudio de uno de los miembros de la pareja penal infractor-víctima, que hasta el presente había quedado sin ser tomada en cuenta en la criminología clásica: la víctima. El hecho delictuoso
involucra estos dos factores, que constituyen una unidad inseparable. “Los defectos de la víctima atraen los defectos del criminal”. El rasgo dominante es la falta de resistencia a la agresión. Clasifica así, los grados de culpabilidad de la víctima: víctima completamente inocente, víctima menos, igual o más culpable que el infractor, y víctima completamente culpable.
Sostiene que para una mejor defensa de la sociedad, el Estado debe dar a los individuos una educación preventiva, orientada a la autodefensa, y una educación terapéutica para evitar las recidivas.
Sienta el concepto de un “pronóstico de victimidad”, de acuerdo al grado de “receptividad criminal” y un “índice de victimidad”, por ejemplo, frente a los accidentes de tránsito.
La justicia es la que, en primer término, ha de ser particularmente influenciada por la victimología.
Sustenta la necesidad de la creación de Institutos Nacionales y de un Instituto Internacional dedicados a la investigación de estos problemas.
Si bien el concepto de un estado favorable para la receptividad de un daño es familiar en psicoanálisis (pareja sado-masoquista), ha de ser útil la creación de esta ciencia dedicada al análisis de estos aspectos tan importante de la criminalidad, sobre todo en la aplicación a la ley penal.
D. N. de Fiasché.