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En este artículo, el autor estudia ciertas defensas muy primitivas, “defensas orgánicas”, que luego se transformarían en procesos mentales de defensa. Los llama “formas de defensa del pre-ego” y la más primitiva sería la reducción o la abolición total de respuesta a los estímulos externos, como en la fatiga y el sueño. En el análisis de adultos estas situaciones se reproducen como una sensación de confusión, embotamiento de la percepción y falta de claridad en el pensamiento. Lo ha encontrado en pacientes que fueron sometidos frecuente y precozmente a la estimulación de la escena primaria.
Más adelante muestra cómo el lenguaje y pensamiento al desarrollarse paralelamente con las funciones de excreción, anales y uretrales, pueden adquirir en su estructura los caracteres específicos de ellas, en función de las defensas.
Presenta finalmente un material clínico corroborativo, donde además, aparece un sueño típico en tres partes, que según el autor es característico de la angustia de castración o de la envidia fálica.