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Las psicosis infantiles precoces presentan dos tipos de síndromes, el síndrome autista y el síndrome simbiótico, que son fijaciones o regresiones a los dos primeros estadios de indiferenciación en la unidad madre-hijo. La fase autística normal de la unidad madre-hijo da lugar a la fase simbiótica alrededor de los 3 meses de edad, y ésta dura hasta que aparece la locomoción y el lenguaje.
Cuando este desarrollo normal está alterado, como en las psicosis infantiles tempranas, la madre no es percibida (en el autismo) o es algo no diferenciado del sujeto (síndrome simbiótico). Se producen entonces serios trastornos, no sólo en la relación con el mundo exterior y con el cuerpo, sino también con el concepto de identidad. El sentido de identidad individual se alcanza después de un proceso que comienza con la primera distinción entre yo y no-yo, y que se termina alrededor de los 3 años de edad, cuando el niño reconoce y acepta su propia imagen en el espejo, y comienza a usar el pronombre “yo”. En ambos síndromes se producen alteraciones profundas de la identidad que la autora ejemplifica con la presentación de un caso clínico de una psicosis simbiótica en un niño.