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La comunicación se puede dividir en “lingüística” y “quinética”. La comunicación lingüística se divide en: lenguaje (todas las palabras que encontramos en el diccionario) y “modificaciones vocales”. Estas son las diferentes clases y calidades de ruidos que están fuera del lenguaje propiamente dicho, pero que tienen una íntima conexión con él. La repetición de los ruidos infantiles puede acelerar el proceso del análisis del afecto, del contenido y de las defensas. Los ruidos no sólo unen al adulto con la infancia, sino también con los animales y la naturaleza en general. El autor revisa la literatura sobre el tema y luego se detiene en los diferentes tipos de ruidos que ha hallado en sus pacientes, como ronquidos, resoplidos, tos, etc. No sólo es importante el análisis de los ruidos, sino también las defensas frente a determinados ruidos. Propone una modificación de la regla fundamental donde además de pedirle al paciente que “diga” todas las palabras que se le ocurran, también “haga” cualquier “ruido” que le venga a la mente.