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El autor considera la psicosis infantil como una de las bases más convenientes para la investigación clínica y experimental de la naturaleza de la conducta autista. Reseña distintos problemas de las psicosis infantiles tanto como algunas de las posiciones divergentes o distintas frente a las mismas. El objetivo del autor es el de reconsiderar las psicosis infantiles en función de los esquemas referenciales de la práctica corriente estudiando sus correlaciones con otros cuadros clínicos, tales como los deficitarios, los orgánicos, psicópatas y neuróticos. Planteado en este contexto, lo atípico asume un carácter más familiar y el autismo deja de ser privativo de las psicosis. El niño psicótico está distante de nosotros en la medida en que nosotros mismos estamos ajenos a nuestra propia infancia y a nuestra propia psicosis potencial o latente.
El diagnóstico de las psicosis infantiles tiene su historia propia; el primer paso ha sido su distingo de las deficiencias mentales y posteriormente, se han descripto y distinguido variados cuadros clínicos (De Sanctis, Heller, Weygandt, Bender, Kanner, Mahler). Para el autor, en la práctica no se encuentran entidades mórbidas sino que los casos entran en los distintos cuadros descriptos; lo que aparece como enfermedades distintas son estadios diferentes de una misma enfermedad. En 1958 el autor propuso una clasificación en tres grupos: Grupo 1, de comienzo precoz y curso crónico o gradual, que incluye el sindr. de Kanner, el grupo del primer año de Bender y el tipo “de comienzo insidioso” de Despert, El diagnóstico diferencial debe hacerse con la deficiencia mental con sordera. Grupo 2, con comienzo a los 3-5 años con curso agudo seguido de regresión, rigidez y aislamiento; incluye la enfermedad de Heller, De Sanctis, la demencia de Weygandt, la psicosis simbiótica de Mahler, el grupo del segundo año de Bender y el grupo de “comienzo agudo” de Despert. El diagnóstico diferencial debe hacerse