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He basado este trabajo en la obra de Melanie Klein. También debo mucho a otra autora: Susanne Langer. Sus ideas me permitieron experimentar el descubrimiento de lo que ya era conocido. No voy a citar sus nombres con suficiente frecuencia para evitar repeticiones monótonas.
Como punto de partida tomo la declaración de Melanie Klein1 de que el hombre inicia su vida con una concepción totalmente fantástica del mundo, basada en un sistema de símbolos formados por la urgencia que tiene el niño de crear sus objetos de amor y de alejarse de sus objetos persecutorios. La hipótesis de Winnicott2 sobre la necesidad que tiene el lactante de construir un pecho alucinado para tener la experiencia de contacto con el pecho real también señala la naturaleza fantástica de la concepción inicial del mundo y recalca la importancia que ésta tiene para el conocimiento más realista del mundo que viene después.
Si se piensa en los términos expuestos, lo dicho anteriormente parece indicar que el niño, a grosso modo, primero inventa al mundo y luego, gradualmente lo descubre. Esta invención, además, sería necesaria, para el contacto más objetivo del mundo que representa el descubrimiento. En realidad la invención prima aunque existen atisbos de descubrimiento desde un comienzo. El niño primero inventaría el mundo en cuanto lo construye, por interpretación, sobre la base de sus fantasías y sus impulsos.
Creo que la “posición represiva” trae aparejado un cambio profundo en la concepción del mundo del niño. Al menos crea las condiciones para