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En este trabajo intentaré mostrar las características de las relaciones objetales de una paciente, determinadas por las fantasías inconscientes contenidas en uno de sus principales síntomas: su claustrofobia, que se manifestaba especialmente como miedo a viajar en ascensor.
Estas características son tanto más importantes, cuanto que todo su material se vinculaba de una u otra manera a su síntoma.
La claustrofobia, era la expresión de su angustia persecutoria pero tenía, además, un significado protector: ponía un límite a todo lo que ella podía hacer al objeto y el objeto a ella.
En última instancia, era una defensa frente a sus intensas ansiedades psicóticas.
A pesar de sus síntomas fóbicos, Claudia no acudió al tratamiento por decisión espontánea, sino por indicación de una analista de niños, a quien había consultado por problemas de conducta de su hija de siete años.
Esa forma de acercamiento, daba ya la pauta de cómo la paciente funcionaba a través de sus objetos: no era ella que venía a analizarse: era la hija a quien mandaba analizar. Ella, se sentía compelida, a ubicar en la hija su ahogo, principal manifestación de su síntoma claustrofóbico, por un mecanismo de identificación proyectiva. Pero la hija se rebelaba, no aceptaba el papel: era ella entonces la que se ahogaba y esperaba que el análisis de la niña colaborara en el reparto de roles que ella había dispuesto.
Era una mujer joven, agradable, delgada, muy cuidada en el vestir. Pero lo más llamativo en ella era su ansiedad, característica que se mantuvo durante el primer tiempo de su análisis: lloraba profusamente en las sesiones y hablaba con mucha vehemencia y desesperación
Claudia era la segunda de cinco hermanas, entre las que había poca diferencia de edad. Sus padres, ingleses, habían sido muy severos en sus normas educativas, con rígidos conceptos morales, y condenaban toda manifestación instintiva. La madre parecía ser considerada “perfecta” por el resto de la familia, opinión que