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Deseo realizar un examen de la capacidad del individuo para estar solo, basándome en la suposición de que esta capacidad es uno de los más importantes rasgos de madurez en el desarrollo emocional.
En casi todos nuestros tratamientos psicoanalíticos hay ocasiones en las cuales la habilidad para estar solo es importante para el paciente. Esto puede representarse clínicamente por una fase silenciosa o una sesión en silencio, y este silencio, lejos de ser la evidencia de una resistencia, resulta ser un logro por parte del paciente. Tal vez es aquí donde el paciente ha podido estar solo por primera vez. Deseo llamar la atención sobre este aspecto de la transferencia en la cual el paciente está solo en la sesión analítica.
Probablemente sea verdad decir que en la literatura psicoanalítica se ha escrito más sobre el temor a estar solo, o el deseo de estar solo, que sobre la habilidad de estar solo; también se han hecho muchos trabajos sobre el estado de alejamiento, una organización defensiva que implica una expectativa de persecución. Me parecería tardía una discusión sobre los aspectos positivos de la capacidad para estar solo. Puede ser que en la literatura se hayan hecho intentos específicos para establecer la capacidad para estar solo, pero no tengo conocimiento de ellos. Deseo hacer referencia al concepto de Freud sobre la relación anaclítica (sobre El Narcisismo, )2.
Rickman nos propuso la idea de pensar en términos de relaciones de tres personas o dos. A menudo nos referimos al complejo de Edipo como a una etapa en la cual dominan el campo de la experiencia relaciones entre tres personas. Cualquier intento de describir el Complejo de Edipo en términos de relación entre dos debe fracasar. Las relaciones entre dos sin embargo, existen y pertenecen éstas a etapas relativamente más tempranas en la historia del individuo. La primitiva relación entre dos es