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La existencia de este tema específico de discusión en una mesa redonda en la Asociación Médica Argentina (Sociedad de Psicología Médica, Psicoanálisis y Medicina Psicosomática), me obligó a reunir mis ideas dispersas sobre el tema que, sin embargo, había sido motivo de permanente inquietud para mí. Doce años de ejercicio psicoterapéutico en un hospital municipal, son muchos años y en ellos hay muchas vicisitudes que me permiten enriquecer este tópico en discusión.
Quisiera dividir mis notas en dos partes, la primera concerniente al psicoterapeuta, la segunda al ambiente médico.
Del psicoterapeuta. El primer elemento que surge, es la necesidad de una formación previa mínima, y en ese sentido compartimos en un todo la opinión expresada por el Dr. J. Tahier, expositor en dicha mesa redonda. Un psicoanálisis previo es absolutamente imprescindible, no es con ideas teóricas que se pueden abordar estos temas. Con esta premisa como base, es necesario que el psicoterapeuta conozca el ambiente médico en general y en particular en el que va a actuar. Este conocimiento le es imprescindible para tolerar al medio y buscar su adaptación al mismo, comprendiendo las ansiedades y problemas a que se encuentra abocado el médico en su práctica diaria. Éste ve muchas veces frustradas sus posibilidades de reparación, no sólo por situaciones internas de su ecuación personal, sino también por la especial calidad del material que osa tratar. En última instancia debe entender que su aceptación mínima en el lugar de trabajo, obedece a la necesidad frustrada de curar de los médicos, que le están pidiendo de hecho colaboración. El médico, no puede elegir a sus pacientes en el hospital y debe hacerse cargo del canceroso, del moribundo, y de las chances peligrosas y llenas de riesgos de muchos métodos de diagnóstico y tratamiento. Si como analistas conocemos el valor de la contratransferencia, tenemos forzosamente que admitir la avalancha de problemas contratransferenciales que agobian al médico, a