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En condiciones ideales las imágenes introyectadas tempranamente están completamente asimiladas e integradas en el yo. Sin embargo, casi nunca sucede así, ya que la intensa ambivalencia de estas primeras imágenes no lo permite. El yo desarrolla diferentes mecanismos para lograr la imposible integración.
Uno de estos mecanismos es la externalización de los sectores del yo que contienen las imágenes introyectadas sobre personas reales; proceso que lleva a la repetición con ellas de situaciones que existían entre el yo infantil y sus objetos. En otros casos, la indestructibilidad de las imágenes introyectadas obligan al sujeto a hacerse autodestructivo, como única forma de deshacerse de ellas.
La biografía de Proust y de Toulouse-Lautrec son dos ejemplos de esta última situación. Ambos artistas buscaron la destrucción de sí mismos, para destruir de esa forma la imagen introyectada de su madre, amada y odiada al mismo tiempo. El autor presenta también material clínico, de un paciente de 25 años de edad, profundamente ligado a su madre; el fracaso de escapar de la influencia todopoderosa de su madre introyectada a través de fugas, sustitutos,