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El autor comienza con una breve reseña sobre la literatura vinculada al tema pasando luego a la descripción de un caso grave de perversión pedofílica de 12 años de duración. Se trata de un hombre inteligente, de unos 30 años, que seducía varones prepúberes. Se dirige al análisis por padecer depresiones y un intenso miedo a la muerte. A los 5 años fué internado en un orfelinato por sus padres, quienes lo maltrataban mucho. A los 12 años fué seducido por niños y por mayores. A los 15 aparece la sensación de fragmentación del yo y temor a la pérdida de los límites del mismo. La ansiedad producida por estas crisis se aliviaba mediante la relación sexual con un niño prepúber. Se sentía atraído por niños cultos, disciplinados, “mimados” por sus padres. Antes del acto sexual sufría un desdoblamiento de la personalidad, señalando el autor que al reprimir una parte de su personalidad el paciente se salvaba de la psicosis.
Durante el desarrollo de este niño no tuvo lugar el proceso normal de introyección del amor de una buena madre, hecho que lleva al amor por el “self”, a la auto-afirmación y confianza, promoviendo la síntesis del yo.
Durante el acto sexual el paciente no sólo se identificaba con el niño y recibía amor de manos de una buena madre, sino que también él poseía la madre (pecho) buena desprovista de su configuración terrorífica, pudiendo así incorporarla y fusionarse con ella sin peligro.
El autor señala que al analizar este caso describe solamente una faceta del origen de la perversión, es decir, que se podría considerar como una maniobra defensiva frente a ansiedades primarias de proyección e introyección, añadiendo que estos mecanismos son utilizados con el fin de evitar la ansiedad, la culpa y el dolor.