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Se trata de un paciente de profesión tornero, que, súbitamente, sin ninguna clase de antecedentes que lo justifiquen, tuvo una intensa hemorragia, atribuíble presuntivamente a una úlcera.
El examen somático no reveló signos de perturbación orgánica.
El estudio psicoanalítico, por su parte, mostró: 1) inquietud y ansiedad; 2) cefaleas; 3) dificultades sexuales de erección y eyaculación precoz; 4) miedo a la opinión de los otros y a cualquier conflicto con el mundo externo; 5) para defenderse del peligro proveniente del mundo externo, se replegó sobre sí mismo e inhibió toda actividad, regresando a la pasividad y dependencia.
Antes del síntoma, el paciente había realizado tres cambios importantes en su vida: 1) instalar un negocio por su cuenta, lo que implicaba lanzarse a la competencia; 2) se hizo sedentario, y 3) estaba próximo a casarse. La hemorragia estaba ligada a la intensa ansiedad que le provocó la conducción de su coche (hacía 10 años que no conducía).
Su estructura caracterológica profunda demostró estar dominada por inestabilidad afectiva, incapacidad para establecer lazos afectivos estables, a través de una conducta de permanente huida, que es, al mismo tiempo, de permanente búsqueda; miedo al contacto (eyaculación precoz); fuga de la pasividad a una actividad reactiva, pues significaba estar a merced de un objeto peligroso (avidez).
La hemorragia representaba el castigo siempre temido y la materialización de la amenaza a su seguridad, sobreviniendo la úlcera cuando se produjo la situación que había sido siempre prudentemente evitada.
El autor sustenta —completando a los autores franceses que se ocuparon del tema, Marty y M'Uza— como rasgos clínicos típicos de la serie ulcerosa, la afirmación de independencia como reacción a la receptividad y pasividad, la actitud permanente de huida en lo profesional y afectivo, que da lugar a la característica inestabilidad. El acmé de la “poussée” ulcerosa corresponde a la ruptura máxima con las personas capaces de satisfac