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Los autores destacan los efectos farmacodinámicos de los corticoesteroides sobre el sistema Nervioso Central. Se refieren a los efectos analgésicos que producen estas hormonas. Señalan que a raíz de los trabajos de Goolker, Schein, Fox y Gifford, creen en una estimulación inicial por parte de ciertos factores del diencéfalo sobre todos aquellos mecanismos encargados de regular la actividad, el sueño y el apetito.
Consideran que el incremento de hormonas en sangre, provenientes de la vía exógena, actúa a la manera de una reacción de alarma (Stress), por lo cual las manifestaciones corporales y anímicas resultantes serían equivalentes a tal síndrome. Se discuten los mecanismos por los cuales un tratamiento hormonal podría inducir la instalación de un cuadro psicótico; de acuerdo a los autores éste sería un aspecto más de la “enfermedad de adaptación”.
Señalan las características de los estados hipercorticoideos (enfermedad de Cushing), equiparándolos a los hypercorticosterismos exógenos, con incremento de los estados depresivos y de las ansiedades paranoides. Se discuten las indicaciones y contraindicaciones de la terapéutica hormonal, advirtiendo que frente a una necesidad imperiosa de administración de la droga, por causas orgánicas bien establecidas, no debe vacilarse en la administración de las mismas, teniendo en cuenta la inestabilidad emocional que se puede instalar en cualquier momento. Se indica administración de hormonas del tipo ACTH o esteroides sintéticos en los casos graves de Delirium Tremens, donde la droga actuaría tal como lo hace en los casos de colapso (grandes quemaduras, traumatismos, etc.). Se sugiere su uso en las enfermedades de incrementado tono muscular, tal la epilepsia aunque este uso requiere aún un más amplio estudio.
El trabajo cuenta con una extensa bibliografía.