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Se destacan los factores dinámicos responsables de las así llamadas afecciones psicosomáticas, aclarando que se entienden como tales aquellas en las cuales se reconoce un factor psicológico profundo con su corolario somático expresado a través de un trastorno funcional o una lesión orgánica.
Señalan así la existencia: 1) de un punto “minoris resistetiae” representado por el órgano o sistema afectado; 2) el desarrollo de un conflicto neurótico en
la más temprana infancia (fase oral o anal); 3) la influencia de este conflicto sobre el sistema neurovegetativo; 4) cierto tipo de vida que induce siempre al mismo órgano o sistema a una sobrecarga de estímulos.
Esto lleva a comprender que la terapia de estas afecciones se diferencia un tanto de la atención de las neurosis sin componente somático franco. Por ello en la terapia de las afecciones psicosomáticas debe tenerse en cuenta: 1) acompañar el tratamiento psicoterapéutico, de asistencia orgánica; 2) llevar a cabo la terapia en la mayoría de los casos, con el paciente hospitalizado; 3) tener en cuenta la larga duración del tratamiento por la profundidad de los conflictos existentes; 4) tener conciencia de la dificultad en obtener las condiciones necesarias de tal tratamiento por parte de los terapeutas, pacientes y medio ambiente.
Los autores creen que estas afecciones son las más difíciles en dominar y aconsejan al terapeuta ser parco en la formulación de un pronóstico demasiado favorable.