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El autor destaca el interés creciente que se ha prestado en este último siglo a los factores psíquicos, al considerarse la génesis de la úlcera gástrica y duodenal. Señala que se sugirió suprimir la designación de úlcera péptica y de rectificar el dicho médico “sin acidez no hay úlcera”, pues ambos conceptos llevan a una errónea comprensión acerca de la patogenia de esta afección.
Cita a H. E. Robinson, quien piensa que en el 95 % de los casos la designación de úlcera psicogenética sería la más adecuada y a Russel S. Boles, quien propone llamarlas úlceras neurocirculatorias. Los factores psicológicos capaces de engendrar úlceras serían cambios de estados-anímicos y conflictos cuyos efectos nocivos sobre el estómago y duodeno han sido comprobados por muchos investigadores. El autor hace mención de los trabajos de Stewart H. Wolf, Harold G. Wolph , Sidney Margolin . No todos los estados anímicos conflictivos llevan a la instalación de una úlcera. Solamente enferma de úlcera cierto tipo de personalidad. Este tipo de personalidad tiene rasgros inconscientes característicos.
En lo que atañe la personalidad inconsciente del ulceroso, G. Draper