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Se trata del papel que juega la dentición en la génesis de las “bases fisiológicas” del masoquismo primario.
Los dientes aparecen en una época en que las encías y músculos de la boca constituyen ya órganos ejecutivos activos del instinto agresivo.
La erupción de los dientes crea una nueva situación al introducir un elemento inesperado y perturbador en el proceso hasta entonces inequivocadamente placentero, a saber: el dolor de la encía irritada, dolor que probablemente incremente la agresión oral.
Las actividades tales como la succión y el morder utilizadas para eliminar la tensión ahora producen inevitablemente un dolor y por consecuencia más tensión. De esta manera se constituye en esta etapa del desarrollo un vínculo sólido entre la satisfacción de las tendencias libidinosas y la agresión por un lado y las experiencias dolorosas por el otro. En opinión del autor, esa experiencia durante la aparición de los dientes puede ser considerada como la situación llave para el origen del masoquismo primario en su base orgánica fisiológica.