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En este artículo el autor se enfrenta a los problemas y vicisitudes inherentes a la interdependencia humana. Trata de llegar luego a la forma en que esta interdependencia adquiere su aspecto más trágico y destructor —la esquizofrenia.
Se refiere en principio a la simbiosis biológica haciendo notar que ésta no es siempre perjudicial —como lo ve frecuentemente la Psiquiatría— sino en muchas ocasiones beneficiosa. Como ejemplo de esto último, y ya en la esfera humana da el de la relación normal madre-niño, destacando, por otro lado, que una simbiosis estática, patológica, constituye una mutua esclavitud, en la que el que detecta el poder obliga a la persona dependiente, so pena de intensas y aterradoras sanciones, a adaptarse al status quo interpersonal, es decir, a la realidad de la persona más fuerte. Da como ejemplos la relación entre el jefe y el subordinado en un sistema totalitario. Hace notar los esfuerzos del más débil de tornarse indispensable al más fuerte, tan indispensable como lo es éste hacia él, sin llegar sin embargo a una relación íntima de mutuo respeto sino a una simbiosis estática y enfermiza.
Pasa luego a examinar la simbiosis de la esquizofrenia. En ella y desde el comienzo la realidad del pequeño es básicamente la de uno de los padres, en general la de la madre.
Frecuentemente ella es la que necesita al niño debido a su propia patología, le hace vivir a éste la realidad como quiere ella que esta realidad sea.
Debido a ello, generalmente en la adolescencia, se produce la inevitable colisión entre la realidad de su madre y la realidad convencional que representa una cultura determinada.
Destaca luego el factor constitucional en la esquizofrenia, y de acuerdo con Melanie Klein, la dificultad del niño de introyectar el pecho bueno de la madre. Pero agrega que lo heredado allana solamente parte del problema porque el niño que apunta hacia la esquizofrenia es extraordinariamente susceptible y vulnerable a las demandas y necesidades de la madre. Esto explica