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El autor intenta establecer en este artículo un esquema general donde poder incluir las distintas formas técnicas de ofrecer una terapia de apoyo. Hace notar que todas ellas pueden ser usadas como punto de partida para el desarrollo de técnicas más avanzadas, y que ofrecen al mismo tiempo una ayuda al tratar de movilizar las capacidades integrativas del paciente más o menos directamente. Esto en contraste con las terapias dinámicas que tienen como fin el de resolver los conflictos internos que son productores de estados emocionales patológicos.
Los dos criterios, tanto el de apoyo como el dinámico, no son, de ninguna manera, excluyentes, y existe por cierto una considerable superposición entre ambos. En realidad, la terapia de apoyo tiende a reducir los estados afectivos intolerables, creando así una atmósfera que, mediante el insight permite una mejor y más profunda alteración de dichos estados.
Hace notar que como resultado, por ejemplo, de las precarias defensas del paciente, el empleo de técnicas de apoyo permite una acción inmediata, orillando dichas defensas y permitiendo un mejor manejo de la ansiedad del paciente. Más aún, en una personalidad con una estructura más frágil, donde existe el peligro de una desintegración psicótica, cree que podría ser el apoyo el único procedimiento terapéutico adecuado.
En un intento de sistematización hace una clasificación de las distintas formas de terapia de apoyo, explicando luego en detalle cada una de ellas.