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La fantasía en ser salvado de cometer un suicidio se manifiesta como un intento suicida de tal modo dispuesto que incite la intervención de un determinado salvador para impedir su realización. El deseo de ser salvado es un elemento que interviene en todo suicidio.
El salvador es elegido entre aquellas personas que tienen la capacidad de sentir empatia por el suicida en un momento particular. En individuos “border line” y en psicóticos, la elección puede ser simbólica y expresarse vagamente.
El prototipo de interrelación que busca el suicida con el salvador es probablemente aquella que se establece entre el niño y los padres cuando hay una participación común del yo y una correspondencia directa entre los inconscientes de cada uno de ellos.
El salvador debe tener un sobrante de energía libidinosa libre que le permita amar al suicida e iniciar el salvataje, y debe tener un yo suficientemente fuerte como para poder enfrentar la suma de los propios impulsos destructivos y los del suicida.
Frecuentemente un salvador potencial reconoce el pedido que se le hace, pero no le presta atención debido a su propia hostilidad o por carecer de un yo fuerte y de recursos libidinosos. Tanto más consciente es la fantasía de ser salvado, tanto más fácil es para el suicida encontrar y aceptar a un salvador.
La fantasía es un intento de reestablecer la relación original entre los objetos primitivos y el yo del suicida.