You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Las vicisitudes del anhelo de dependencia desempeñan un rol importante en la psicopatología de la delincuencia. El delincuente, debido a su experiencia y por proyección mira al mundo como hostil. Ha tenido malos objetos —sus padres y el medio ambiente— como modelos y ha sentido severas privaciones. Siendo incapaz de renunciar a sus fantasías de omnipotencia, que ve como su única salvaguardia, no ha delegado omnipotencia a ninguna figura parental o substitutos de la misma. No puede tolerar un poder parcial. Sus necesidades de dependencia son intensas pero las siente como un peligro contra las que se defiende utilizando el cambio del impulso en lo contrario y la proyección de acuerdo a la siguiente fórmula: “Yo no lo necesito a Ud., o no dependo de Ud., o de su amor; yo soy omnipotente; yo lo odio a Ud.; Ustedes, los adultos, son malvados, de modo que puedo agredirlos sin culpa”. La acción se ha vuelto un modo de evadir la realidad más bien que de adaptarse a ella (reacción negativa aloplástica). Los controles externos no son internalizados, y su real validez negada de modo tal que interfiere con la comprobación de la realidad. La realidad es ignorada a tal grado que puede simular una psicosis; es este estado la agresión o bien otros “acting out” son substituidos por síntomas psíquicos o elaboraciones secundarias.
Estos “acting out”, desde que no resuelven los problemas fundamentales del individuo, causan una continua falla en la socialización y por consiguiente la oportunidad para desarrollar las variadas funciones del yo. El yo constreñido,