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Este symposium tiene características específicas y distintas. Vamos a tratar y discutir lo que pensamos de nosotros mismos. El transformarnos en objeto de nuestra investigación nos obliga a un esfuerzo disociativo y a aceptar la pérdida de nuestras defensas narcisísticas, incrementadas por la espectacularidad que un público impone.
Partiendo del supuesto que el ingreso a seminarios representa el parto de nuestra formación, comentaré y analizaré ciertos aspectos anteriores y posteriores a este hecho, que considero importantes para nuestras relaciones. Los conceptos sobre psiquismo fetal que incluyo son los postulados por el doctor Arnaldo Rascovsky.
Al entrar a seminarios comprendí que la neurosis era la génesis de nuestra vocación para psicoanalistas, el candidato que no podía aceptarlo tenía ideas cargadas de prejuicios racionales y limitaba las posibilidades terapéuticas del tratamiento.
Así como el primer día de clase en la escuela primaria nos preguntábamos: ¿cómo te llamas? ¿de qué trabaja tu papá? en los primeros días de seminario las preguntas eran: ¿con quién te analizas? ¿cómo lo elegiste? Esto me hizo pensar en la importancia que para nuestra formación tiene el analista didáctico y su elección.
Freud (en el tomo XXI, pág. 153) considera que: “la abolición de la libre elección del médico elimina una importante precondición de la influencia psíquica sobre el enfermo”, en el caso del analista didáctico tiene aún más importancia.
Es la primera vez en la vida que tenemos la posibilidad de elegir a los padres. Sólo un sometimiento masoquístico a padres internos hace que dejemos librado al azar o a terceros, este trascendental acontecimiento, donde subyace nuestro destino en cuanto a salud y profesión futura se refiere.
La elección del analista didáctico no escapa a los determinismos inconcientes. Puede ser un acto neurótico y llevarnos a elegir el que no se adapte a nuestro mundo interno demorando y limitando la curación.
La importancia que el analista didáctico tiene