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Por la presencia frecuente de reacciones con falta de cordialidad las relaciones entre los psicoanalistas no se diferencian de las existentes entre los miembros de otros grupos sociales. Teóricamente habría que esperar lo contrario, partiendo de que los psicoanalistas están bien psicoanalizados y que el tratamiento psicoanalítico mejora a los individuos.
La existencia de dichas discordias entre psicoanalistas causa dolor, lleva a los psicoanalistas hasta a dudar de su eficacia terapéutica y les produce una profunda herida en su narcisismo profesional.
Esta herida narcisística se ve muy mitigada, cuando se observan las consecuencias tan favorables de los tratamientos psicoanalíticos en los enfermos corrientes. Ningún otro tipo de tratamiento les hubiese podido ayudar tanto. Por la actuación psicoanalítica mejoraron, no sólo de sus síntomas, sino en toda su personalidad y se hicieron mucho más capaces de actuar con eficacia y de lograr felicidad para sí y los demás. Hasta se tiene además la impresión placentera de que en sus grupos sociales a menudo se entienden mejor que sus propios psicoanalistas.
¿Por qué el tratamiento psicoanalítico no consigue tanta mejoría en las relaciones entre los psicoanalistas? La respuesta es unívoca. Porque a menudo el tratamiento psicoanalítico de algunos psicoanalistas es menos eficaz. No hay que extrañarse, pues existen dos motivos importantes para ello. El tratamiento no es buscado directamente por el futuro psicoanalista y se realiza en circunstancias desfavorables.
El tratamiento psicoanalítico del futuro psicoanalista es impuesto por las normas de formación. Por ello tiene algo de cosa hecha por la fuerza. También el afán de curación propia de algunos futuros psicoanalistas suele ser menor que el del enfermo corriente. Aunque se suele intensificar por el influjo positivo del tratamiento psicoanalítico didáctico, a menudo su fuerza motriz sigue siendo deficiente y su alcance es menor.
Otro inconveniente grande para su eficacia es que el