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La lectura de una carta de Camus a Salvador de Madariaga (“Los adoradores del hecho consumado”), me sugirió el título de este trabajo. Camus define a los que luchan contra “los adoradores del hecho consumado” como representantes del esfuerzo infatigable que tiende hacia la verdad, rehusan contentarse con palabras y luchan sin descanso por solucionar las necesidades de su época.
En la Asociación Psicoanalítica, existe una tendencia creciente a adorar los hechos consumados y creo que este Symposium podría definirse como el intento de comprender determinados absurdos, rebelarse contra ellos, buscar la verdad y pronunciar la palabra que los transforme en actos.
No podemos negar el tiempo transcurrido desde que se formularon las condiciones para la formación y evolución posterior de un psicoanalista; debemos aceptar entonces que las soluciones de hoy tienen que ser otras que las que resultaron útiles en la primera época. Sin embargo, los fundamentos de nuestro sistema de formación siguen en líneas generales los que se establecieron en Budapest en 1918, cuando Freud señaló que el psicoanálisis debía prepararse —tanto en su técnica como en su enseñanza para afrontar las demandas del tratamiento psicoanalítico—. Es verdad que cada año se ha comprendido más la necesidad de que el análisis didáctico fuese más profundo y prolongado, pero no creo que eso sea suficiente. Desde la época en que Freud escribía a Fliess que había conseguido un candidato que aceptaba un análisis de cinco semanas hasta hoy, hemos hecho evidentes progresos, pero nos falta dar un nuevo paso, tan definitivo como el que dieron aquellos que exigieron el análisis del candidato y consiguieron luego que fuese tan prolongado o más que un análisis terapéutico.
Este nuevo paso al que me refiero es aceptar de una vez por todas, que el análisis del analista es interminable y buscar las condiciones en que esto sea posible. Quiero señalarles el absurdo que significa exigir el análisis previo en la formación de un anali