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Se estudian aquí las características del monólogo en los enfermos mentales y las diferentes alternativas del mismo. Es decir, si el monólogo implica un interlocutor, si el destinatario no se puede definir y los personajes se van borrando. En este último caso el monólogo sería como una emancipación del lenguaje que se va separando del sujeto a manera de despersonalización. Otro sería el monólogo francamente autista sin autor ni interlocutor, con una total desorientación en un mundo indiferenciado.
El monólogo es un discurso pronunciado en una situación de soledad. La palabra soledad está aquí empleada como un borrar o negar la presencia de otros, es decir, como un proceso activo.
El monólogo lleva asimismo una intención que es desconocer la palabra del otro, un comunicarse con el prójimo pero no con el prójimo real a quien se teme, sino con un prójimo imaginario que contestará lo que uno quiere, y un expresarse pudiendo dar libre curso a la fantasía ya que los vínculos con el mundo exterior están cortados. Pese a todo surge la angustia, como fracaso del mecanismo de defensa de negación de locura que implica el monólogo.