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Esta comunicación, presentada en conmemoración de Ernst Kris, está dedicada al estudio de la pasión creadora del artista, principalmente del escultor, basándose en un anterior estudio de Kris sobre la obra del escultor F. X. Messerschmidt. Las biografías de A. Rodín, K. Kollwitz y G. Ambrosi están expuestas para sustentar la teoría de que el origen de la pasión creadora está en la temprana pérdida de la integridad del self, que tiene que ser restituida, labor que en el escultor proviene de una constelación senso-perceptiva centrada en el mirar y el tocar. Esta modalidad sensorial, parte fundamental del esquema corporal del artista, le permite recuperar la realidad perdida a través de su creación. La compulsión a la repetición lleva al escultor, infatigablemente, a crear nuevas obras, y así disminuir su culpa, apaciguando al superyo. La compulsión a trabajar es también un autocastigo, que puede ser tolerado porque lo lleva a un alto nivel de ideal del yo, donde puede finalmente sentirse libre de culpa.