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Dos configuraciones son características en el masoquismo, moral:
El yo inconsciente está centrado alrededor de la idea de permanente intercambio entre él mismo y la imagen parental. A través de una especie de permanente comunicación, el yo espera recibir sostén y restitución, y, por lo tanto, lograr el fin que nunca lograría por sí mismo. Como devolución el yo desea compensar a los padres de variadas y tortuosas maneras basadas en una imagen tan distorsionada de sí mismo como de sus padres.
El poderoso impacto de una figura parental hostil persiste en la forma de una figura introyectada siempre presente. El yo insiste con la mayor obstinación, en mantener un parecido ligamen indisoluble con la figura parental hostil; esta última ha asumido algunas de las características de un perseguidor implacable, sin llegar, sin embargo, a una verdadera ilusión paranoide. A pesar del tormentoso “acting-out” el ligamen masoquista persiste y continúa y se dirige a la remoción de lo introyectado y a la negación de su poder.
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