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El autor se propone reexaminar el papel que juega la humillación en el masoquismo. De acuerdo con Freud todo ser humano trata de lograr el placer y eludir el displacer. Ludwig Eidelberg supone que el ser humano puede eliminar el displacer y experimentar lo que se llama “gratificación instintiva” sin sentir la emoción del placer. La emoción del placer parece acompañar a la gratificación instintiva, solamente si el objeto y los métodos de descarga de tensiones son placenteros a la personalidad total. Habla luego del placer, del preplacer y del placer final, sus orígenes y destinos. Describe otro displacer referido a la “mortificación narcisista”, definida como la súbita pérdida del control sobre la realidad interna y externa, causada por la fuerza de “enemigos” internos y externos. Una forma de displacer es el castigo. Otra la humillación. Ambas se relacionan con la “mortificación narcisista”. Expresa la opinión de que el castigo buscado por pacientes masoquistas tiene el significado de humillación y que el masoquismo tiene fuertes tendencias exhibicionistas. Ilustra con ejemplos los conceptos: castigo y humillación. Dice que debemos separar el acto de castigar y humillar de la reacción del sujeto a la humillación y al castigo. Si el sujeto se humilla a sí mismo es “auto humillación”. Si es humillado por otros es “humillación externa” El autor estudia y ejemplifica cada una de ellas. Dice Ludwig Eidelberg que el individuo que acepta un displacer temporario con el objeto de obtener luego un placer mayor no contradice el principio de realidad, ese individuo no es un masoquista. Al masoquista no le interesa sufrir para obtener la victoria final, por el contrario trata de fracasar, y mira la derrota de la cual se queja, como un logro final. Parece que al masoquista moral, dice el autor, le interesa la mortificación narcisista que se auto-provoca, si ella representa castigo y humillación externas que considera injustos. Ilustra su afirmación con un ejemplo y deduce que: en