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A través de un caso, un adolescente de 18 años que presentó un cuadro delirante desencadenado por una apendicectomía nos permite el autor apreciar la técnica que emplea con psicóticos y aportar ideas que permitirían integrar algo los conceptos psicoanalíticos y la psiquiatría clásica.
Utilizando la comunicación preverbal corporal y la verbalización e interpretación de la misma se pudo romper el negativismo del enfermo. Insiste el autor sobre la necesidad de adoptar con estos enfermos técnicas elásticas y sin prejuicios mostrándonos asimismo la ventaja de las mismas sin por ello apartarse de la comprensión global y psicodinámica del caso. Recurre por ejemplo a lo que él llama pruebas de realidad, es decir hacer él mismo lo que piensa que el paciente quiere y no puede (al igual que con un niño pequeño o un bebé), ya que este tipo de pacientes, por muy regresivos, tienen una exigencia instintiva casi ilimitada y necesitan una prueba de realidad para poder adquirir el sentido de límites frente a sus propios impulsos.