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Ciertos conceptos básicos del psicoanálisis formulados inicialmente por Freud, involucran la definición y ubicación de las perversiones dentro del cuadro general de las enfermedades mentales. Estos conceptos sustentan que las neurosis tienen un contenido y un significado y que dicho contenido se halla constituído por la sexualidad infantil. Esta última es de por sí perversa —del tipo perverso polimorfo— y, en su mayor parte, pregenital.
El otro principio, que se articula con el anterior, es el de que “las perversiones representan la persistencia de dicha sexualidad infantil en el período adulto y a lo largo de toda la existencia” y cabe mencionar aquí el conocido aserto del mismo Freud: “las neurosis constituyen el reverso de las perversiones”.
Tal como lo señala Fenichel [1], se plantea cuál puede ser el motivo de dicha persistencia de la sexualidad infantil. Vienen entonces las aportaciones llevadas a cabo por diferentes autores que intentaron darle explicación desde distintos puntos de vista. También el mismo Freud en “Pegan a un Niño” [2] (1919) trató de explicarlo sobre la base del contenido edípico de las fantasías de los perversos.
Del mismo autor encontramos tentativas de explicación en su artículo “Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica” [3] en el que hace una verdadera revisión acerca de los conceptos del psiquismo masculino y femenino. Tras una breve mención del C. de Edipo, explica la incidencia y función del Complejo de Castración en el varón y la mujer. En ambos casos describe los conflictos preedípicos, y al estudiar correlativamente “La Negación” [4], señala que este mecanismo permite un levantamiento de la represión. Utilizando la negación, también logra el yo separar la parte intelectual de la afectiva, y, finalmente, llega a una teoría del juicio en la cual el sujeto debe distinguir lo interno de lo externo, lo bueno de lo malo, lo placentero de lo displacente