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En primer lugar, unas palabras sobre el título; en la página 43 el autor dice: “Hasta donde llegan mis conocimientos, la palabra (thrill) es exclusivamente inglesa, ningún otro idioma tiene su equivalente exacto.” El “thrill” es una emoción compleja; una mezcla de placer y miedo, tal como la que se siente, por ejemplo, en la montaña rusa. La experimentan el aviador, el jinete, el andinista, el domador, el aeróbata, cuando se encuentran en actividad; la siente el niño que juega a la mancha, a la gallina ciega, o a cualquier juego donde haya que salir de una zona de seguridad para enfrentar un peligro. Hay aún otro elemento importante en el “thrill”, que es la esperanza, o casi seguridad, de poder volver a tierra firme, a “casa”, una vez pasado el momento de peligro.
El propósito del Dr. Balint es ampliar nuestros conocimientos acerca del desarrollo primitivo del individuo. Considera que nuestras teorías actuales padecen de un prejuicio “oral”, que todos los términos que tenemos a disposición para describir estados de ánimo primitivos están derivados de fenómenos y experiencias en esta esfera. Sin embargo, existen otros tipos de experiencia capaces de despertar o calmar ansiedades, frustrar o gratificar; las sensaciones y percepciones térmicas, de equilibrio, auditivas, táctiles, olfatorias y gustativas, entre otras, son por lo menos tan importantes como las orales.
A través de todo el libro, y en forma sencilla y sumamente amena, dos nuevos términos, ocnofilia y filobatia, van adquiriendo vida y profundidad. Son dos palabras acuñadas por el autor para describir dos tipos de actitudes, que se encuentran en todo ser humano en mayor o menor grado. Partiendo del parque de diversiones —cuya universalidad nos demuestra que responde a necesidades primitivas del ser humano— el autor presenta dos tipos extremos de personas: aquellas que buscan el “thrill”, que gozan de la montaña rusa, y aquellos que sufren de sólo pensar en subir a uno de esos aparatos. El primero es el protot