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Este trabajo tiene alguna relación, aun cuando escasa, con los problemas de la psicología femenina como totalidad. Una gran cantidad de artículos, ensayos y libros, se han dedicado exhaustivamente al tópico; en ellos los autores han mostrado sus simpatías y diferencias con respecto al enfoque de la femineidad. Freud [1] consideró que el problema de la femineidad se encontraba centrado en la diferencia anatómica de los sexos, la cual condicionaba que gran parte de la psicología femenina girase alrededor de la envidia del pene. Tanto la psicología y psicopatología de la mujer enfrente de su sexualidad, como la del hombre enfrente del genital femenino, así como las interpretaciones de los ceremoniales culturales y tabús, eran para él simplemente y en forma llana la consecuencia afectiva y emocional de un sujeto o una cultura enfrente de un genital castrado. Las defensas, procedimientos y distancias establecidas las valoraba como la actitud enfrente de lo siniestro. También pensó que el camino que la mujer tenía que realizar para el encuentro de su objeto era particularmente complicado, tenía que cambiar de relación objetal, transfiriendo tendencias libidinosas de la madre al padre, así como de órgano, desplazando su sexualidad clitoridea a la erotización y sexualización de la vagina.
Para Helen Deutsch [2] la niña experimentaría en dos ocasiones la falta de un órgano apropiado para expresar su sexualidad; el clitoris, insuficiente en comparación al pene para expresar una sexualidad activa y la vagina, en virtud de su desconocimiento, para expresar la sexualidad genital pasiva. Para dicha autora, sería la insuficiencia de ambos órganos lo que haría que la niña recargase de tendencias activas la presencia del clitoris y de tendencias pasivas la boca y el ano.
Karen Horney [3] expresaba que “mientras el varón puede fácilmente cerciorarse de que su genital no ha sufrido daño, la niña en cambio nunca puede eliminar sus dudas angustiosas al respecto, porque la mayor parte de s