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Basándose en material clínico bien demostrativo, de los sueños y dibujos de tres pacientes y en material extraído de otras fuentes (chistes ilustrados, estudios etimológicos y hallazgos arqueológicos), el autor muestra la equiparación y condensación de la cara de la madre con los pechos. Los ojos y los pezones se superponen o sustituyen en el material gráfico que presenta en el trabajo. Considera que se debe incluir al pecho entre los otros simbolismos ya clásicos que tienen los ojos. Muestra la coincidencia entre sus hallazgos clínicos y los trabajos de Spitz; alrededor de los tres meses de edad cuando al niño se le saca el pecho, su mirada pasa de los ojos de la madre a los pechos, superponiendo ambas imágenes que lleva a la fusión de las mismas. Los casos clínicos presentados tenían intensos rasgos escoptofílicos, lo que atribuye a la temprana sensibilización de los ojos y el mirar, por la pérdida temprana del pecho.
Raúl J. Usandivaras.