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Además de los factores somáticos y de precocidad en el tratamiento, los autores enfatizan otros aspectos, así creen que los mesomórficos y los ectomórficos se curan más rápido que los endomórficos. Los que se recuperan más rápido tienen tendencia a ser más entusiastas, más confiados y más optimistas sobre el futuro, más adaptables socialmente, más abiertamente agresivos y menos preocupados con el aislamiento físico y con sus problemas emocionales.
Los que se recuperan lentamente son más deprimidos, hipocondríacos, preocupados por sí mismos y socialmente aislados.
Los pacientes esquizoides son de más lenta recuperación, mientras que los pacientes agresivos mejoran más rápidamente. Los pacientes catalogados por las enfermeras como “buenos” y “cooperadores” son los que muestran ritmos de recuperación más lentos que los recalcitrantes y no conformistas en el trato diario.
Tanto en el cáncer como en la tuberculosis se ha descripto que los pacientes más bloqueados de agresividad y ansiedad más reprimida y que superficialmente paiecen ser buenos pacientes, son los que tienen peor pronóstico.