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Diez sujetos voluntarios se prestaron a la experiencia. La presión venosa fué tomada por cateterización de un segmento venoso aislado por manguitos neumáticos. Lo que se pretendió medir fué el tono venoso de ese segmento aislado, producto de la venoconstricción debida a la inervación autónoma.
Previamente, los sujetos expuestos a los controles simultáneos de presión venosa, resistencia cutánea, frecuencia cardíaca y electroencefalograma eran dejados en un ambiente aislado, quieto y silencioso.
Se obtenían registros pre y post estimulaciones que consistían en el uso de palabras, algunas dulces y suaves y otras insultantes y agresivas.
Se evaluó psiquiátricamente el contenido inconsciente con que cada individuo vivía las estimulaciones.
Los cambios en la presión venosa eran significativamente mayores después de las palabras agresivas, que después de la estimulación con palabras suaves.
Sin embargo las modificaciones de presión venosa con palabras suaves son mayores que las registradas durante los silencios.
La resistencia eléctrica de la piel a la estimulación galvánica disminuía sensiblemente cuando se usaban expresiones verbales agresivas, mucho más que cuando se usaban palabras neutras.
Las respuestas galvánicas post estímulo indicaban que los niveles de estimulación eran mucho más elevados después de palabras agresivas, que después del uso de palabras suaves y mucho más descendidos aún durante los silencios.
Las reacciones de los sujetos no eran meramente causados por el estímulo, sino que existía una variación individual de acuerdo al significado personal de las palabras usadas.