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La proyección, según el esquema freudiano de la idea delirante de persecución (yo amo a mi padre — yo no amo a mi padre — mi padre no me ama) puede ser objeto de una fragmentación, seguida de su desplazamiento hacia toda una serie de objetos de importancia secundaria, siguiendo al mismo tiempo, modificaciones y desplazamientos de su contenido. Por esta razón, ella se vuelve a la vez poco clara y enmascarada en su manifestación; no solamente tolerable, sino incluso indispensable a la satisfacción narcisista del sujeto; es por esto, que en caso de fijación masiva a un nivel sádico-anal primario de la organización de la libido, la proyección sádica, unida a la necesidad narcisista de incorporación de un pene paterno, que sería mortalmente angustiosa en el cuadro de la regresión frente al conflicto edípieo, puede ser objeto de un arreglo estable que merece el nombre de relación objetal paranóica.
La relación objetal paranóica así definida parece dar cuenta desde el punto de vista psicoanalítico, de la organización caracterial, comúnmente denominado en la psiquiatría francesa “carácter paranóico” de esas personalidades psicopáticas paranoides, de quienes el orgullo, la desconfianza y la susceptibilidad, corresponden en definitiva, a tendencias masoquistas, oponiendo un obstáculo muy rígido de progreso a la cura psicoanalítica.