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El autor relata el sueño de un paciente donde por el contenido manifiesto, asociaciones y algunos aspectos de la historia psicológica, ve una expresión del parricidio cometido primitivamente por la horda, parricidio en el que participa inconscientemente el analizado.
Sintéticamente muestra a un joven tímido de 25 años frente a un padre triunfador, ante quien se somete reprimiendo todos sus impulsos canibalísticos. El sueño lo tuvo tres semanas y media antes de su casamiento.
En una segunda parte de su trabajo hace una referencia a las ideas de Freud sobre el parricidio de las hordas primitivas y puntualiza los aspectos más salientes del sueño que confirman la hipótesis de Freud.
Añade, que una fantasía tan completa que se presenta en forma estereotipada revelaría el poderoso componente constitucional del inconsciente en la producción de fantasías. Enfrentando el complejo paterno, el hijo responde con una fantasía predeterminada, que en parte se hace visible al analista cuando escapan a la represión en el sueño, en la sublimación, acting out, o en el síntoma neurótico.
Concluye diciendo que Freud fué aún más lejos al proponer que la fantasía llego a ser una parte del acervo constitucional de cada individuo debido a que en un estadio temprano de la prehistoria humana tales acontecimientos ocurrieron. A pesar de conocer las dificultades que tal teoría le traería la prefirió a la teoría de que si tales acontecimientos no ocurrieron nunca en la historia de la humanidad, fué porque estaban constitucionalmente provistos de estas fantasías.