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En este aporte me concentraré principalmente en la depresión como la experimenta el esquizofrénico paranoico. Mi primera proposición surge de la afirmación, expresada en 1935 [1], que la posición paranoide (que posteriormente denominé la posición esquizoparanoide) está vinculada con los procesos de división (splitting) y contiene los puntos de fijación para el grupo de las esquizofrenias, mientras la posición depresiva contiene los puntos de fijación para la enfermedad maníaco-depresiva. También sostuve y aún sostengo la opinión que las angustias paranoides y esquizoides y los sentimientos depresivos, tal como pueden ocurrir en personas más normales bajo presión externa o interna, tienen su origen en estas posiciones tempranas las que se reviven en tales situaciones.
La conexión frecuentemente observada entre los grupos de enfermedades esquizofrénicas y maníaco-depresivas puede explicarse, en mi opinión, por el vínculo evolutivo que existe en la primera infancia entre las posiciones esquizo-paranoide y depresiva. Las angustias persecutorias y los procesos de división, característicos de la posición esquizo-paranoide, persisten, aunque distintos en intensidad y forma, en la posición depresiva. Las emociones de depresión y de culpa, que se desarrollan más ampliamente en la etapa cuando surge la posición depresiva, operan ya (según mis conceptos más recientes) en cierta medida durante la fase esquizo-paranoide. El vínculo entre estas dos posiciones —con todos los cambios en el yo que ellas implican— es que son ambas resultado de la lucha entre los instintos de vida y de muerte. En la más temprana de Jas dos etapas (que abarca los primeros tres o cuatro meses de vida) las angustias que surgen de esta lucha asumen una forma paranoide y el yo aun incoherente está obligado a intensificar los procesos de división. Con el creciente poder del yo surge la posición depresiva. Durante esta etapa disminuyen las angustias paranoides y los mecanismos esquizoides y toma más fuerza la