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“In the muchel anguise aros (th)e muchele mede”.
“Mucha angustia trae gran recompensa”.
(“Ancren Riwle”, c. 1220).
En lenguaje analítico acostumbramos a emplear —y en esto seguimos a Freud—angustia, ansiedad y miedo [1](*) como sinónimos. Freud mismo trató [2] [3] de diferenciar a estos términos entre sí, pero no pasó más allá del plano conceptual, ya que el empleo que hace de ellos es prácticamente similar. Algunos autores consideran a la angustia como un estado diferente del miedo. E. Jones dice [4] que es costumbre hacer esta diferencia, pero añade que técnicamente la distancia se anula. Concuerdo con Jones en esto último, haciendo la salvedad que se tiene miedo “de” algo —el temor es un sentimiento que hace [5] rehuir a las cosas real o fantaseadamente peligrosas y en cambio lo más llamativo de la angustia es la incertidumbre, la asphaleia (**) —aseguridad [6] o inseguridad absoluta— voz griega que deriva de σφαλλω —sphallo— [7] engañar, inducir a error, caer, hacer vacilar.
Históricamente el término pasa de un concepto de opresión (Latín: anxus, de angere [8], sofocar, oprimir, angustiar. Griego: αγχω —anjo—[9], apretar, estrechar, estrangular) al de necesidad. La runa N (***) tenía carácter mágico y significaba necesidad [10]. El contenido psicológico aparece en la literatura germánica recién [11] en el siglo xiii. (Como privación en el Hali Meidenhad (****) y algo más tarde como ansiedad en el Ancren Riwle [12] (*****) alrededor de 1220.) Su incorporación a la literatura científica y a la historia clínica, podría decirse que es patrimonio del siglo xix.
Angustia y sus antecesores grecolatinos provienen del sánscrito ahuh [13] —estrecho— y el sánscrito amhúh tiene el sentido moral de oprimido, angustiado.