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El autor sostiene que como resultado del complejo de castración, las mujeres ven sus genitales como defectuosos y repulsivos y que una de las funciones del juego previo, como del galanteo amoroso, es el de reasegurarse de que son aceptadas tal como son. La repulsividad de los genitales se extiende, para algunas mujeres, a zonas erógenas secundarias, por lo cual el reaseguramiento del hombre debe dirigirse también a estas zonas más que a los mismos genitales.
Luego el autor ejemplifica su tesis con 17 casos. Un ejemplo es el de una mujer que le dijo a su cortejante que no era momento oportuno para mantener relaciones pues estaba con la menstruación, a lo que él le respondió que eso no le molestaba y que además era el mejor momento, pues evitarían el uso del anti-conceptivo. La mujer aceptó después de mucho tiempo en que se había negado a mantener relaciones, pues se sintió aceptada tal como estaba.
Otro caso es el de una joven que se sentía humillada porque su novio no realizaba el cunninlinguis a pesar de que ella sí se prestaba al fellatio. Un tiempo después tuvo relaciones con otro joven y cuando éste respondió espontáneamente a su fellatio con un cunninlinguis, ella rompió a llorar y confesó de que ella había hecho una cosa esperando la otra para reasegurarse de que sus genitales no eran repulsivos como parecían serlo para su primer amante.
Otro ejemplo es el de dos mujeres que no permitían el contacto manual de sus genitales por tener la impresión de que su clitoris era demasiado grande; al descubrir que sus amantes no lo encontraban repulsivo se volvieron muy apasionadas.
Otra mujer, que sólo aceptaba coitos anales por tener la sensación de que rechazarían su vagina “bolsa”, se permitió tener relaciones vaginales con un hombre que le dijo algo que le hizo sentir que no encontraba repulsiva su vagina.
Una joven le permitía a su pretendiente manipular sus genitales pero no sus pechos (levemente asimétricos), pues temía que la asimetría repugnara; sólo después de senti