You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Melanie Klein, en “El psicoanálisis del niño”, dice: “En sus juegos el niño actúa en lugar de hablar. La acción, que es más primitiva que el pensamiento o la palabra, constituye la parte más importante de su conducta”.
Yo quiero mostrar en qué forma, encarando la actuación en el análisis de un adulto —un fóbico— como el juego de un niño y analizando sistemáticamente las ansiedades subyacentes, he podido comprender mejor al paciente, desapareciendo a su vez la actuación.
Las intensas ansiedades (psicóticas) 1 le hacían imposible la verbalizatión de las fantasías, teniendo que recurrir a modos arcaicos de expresión, en los que quedaban bloqueados los afectos, realizándose en cambio las fantasías en el acto mismo 2.
C. de 50 años se presenta como un hombre muy cortés, pulcro, apuesto, Se espresa en forma clara y precisa. Se dice un hombre logrado en todo sentido; es casado y se lleva bien con su mujer, tiene hijos casados, una brillante situación, fruto de sus propios esfuerzos en un trabajo que dice que le gusta; sus relaciones sociales y sexuales son buenas, tiene muchos amigos, no tiene problemas de salud, en suma: “soy un hombre normal, pero tengo una espina irritativa, no puedo viajar, no soporto subir a un vehículo”
De chico viaja con los padres sin dificultad.
La fobia se presentó cuando se casó. El mismo día de emprender el viaje de bodas lo cancela. Desde entonces no ha realizado viaje alguno, salvo en su propio coche. Ha hecho, años atrás, un período de tres meses de análisis, que le permitió vencer la distancia hasta el lugar donde veranea su familia. Interrumpió este análisis por vacaciones y no lo retomó.
Es “hijo de un matrimonio no armonioso”, dice en su primera entrevista. Se reconoce muy dependiente de la madre, por la que tiene “infinita