You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
En los pacientes que he estudiado me he convencido que antes que aparezca el acto criminal existe una fantasía habitualmente de naturaleza masturbatoria. Su contenido es bisexual y libidinoso como regla. La fantasía daría origen al hecho ofensivo después de haber sido impedido su libre acceso a la conciencia (caso de Tardieu). En todos los criminales sexuales observados existía una historia previa de otras actividades criminales de naturaleza aparentemente asexual. También mostraban trastornos de conducta en la adolescencia. Resultó curioso que, no importa qué tipo de perversión sexual o hecho ofensivo el delincuente sexual hubiese cometido, su respuesta a la pregunta de qué había hecho con su deseo sexual durante su encarcelamiento, fué monótonamente “¿Quién cree usted que soy? Yo no soy un maníaco sexual”, y la masturbación fué negada de plano. Como un ejemplo dramático de esta negación de plano, mencionaría sólo un caso, el de un hombre que iba a ser electrocutado pero que en dos oportunidades logró el aplazamiento de la ejecución. Había violado a una niña de cuatro años y luego había comido su carne después de matarla. En ambos aetos hay una idea de autocensura. Ambos son olvidados hasta la próxima vez. En ambos existe la promesa de “ésta es la última vez que lo hago”. Las ideas y temores relacionadas con la masturbación (pecado, culpa, castigo) parecen casi un equivalente descriptivo del criminal y la sociedad.
Toda vez que me fué posible sonsacar la fantasía masturbatoria, ésta estaba determinada específica e individualmente. A veces la obtuve con pequeñas o ninguna modificación de los muchachos prepúberes. Fué más clara y más fácil de detectar en el adolescente. Esto fué también verdad en delincuentes que delinquen por primera vez. Creo que debemos presumir que existía aún en aquellos casos en los cuales no estuve en condiciones de obtener una validación evidente.
El acto criminal parece haber servido como promulgaciones dinámicas en una continuidad representat