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Según el autor, el conflicto latente entre la llamada “Psicología del Yo”, en oposición a la denominada “Psicología del Ello” aún no ha sido aclarado. Ambas parten de supuestos básicos antagónicos; para la una, el Ello es nada más que el reservorio de los impulsos instintivos, por lo que su estudio no pertenece a la Psicología, sino a la Fisiología; el Superyo es un receptáculo pasivo de impresiones distorsionadas, esencialmente innecesarias para la teoría psicoanalítica; mientras que la parte verdaderamente activa de la mente es el Yo, puesto que son función suya los mecanismos de defensa, la actividad ideatoria, las huellas mnémicas, y las tergiversaciones de la percepción.
En oposición a esto, la otra nos dice que el Ello es la región fundamental en nuestra imagen topográfica del modo como ocurren los procesos mentales; se lo concibe como pleno de deseos e ideas que presionan para inundar la consciencia y actuarse en la realidad, al mismo tiempo que el Super Yo es el gran inhibidor y censor, la mayor fuerza actuante en la represión y formación del carácter.
George Groddeck introdujo el término Ello, dándole el significado de las tendencias impersonales de un organismo; Freud utilizó el mismo vocablo, pero atribuyéndole una naturaleza puramente psicológica, derivado de los instintos, pero diferente a éstos. Algunos psicoanalistas han retornado, por un extraño camino, a la concepción de Groddeck.
Cuando Freud formuló la teoría del Ello, los analistas lo identificaron inmediatamente con el Inconsciente, restringiendo el Yo al preconscíente. Asignando muchas de las funciones represivas e inhibitorias al Superyo, la división clásica en Ello y Superyo inconscientes, Yo preconsciente y consciente puede ser conservada; pero esto no es posible si nos manejamos exclusivamente con deseos